Te quiero ver triunfando en la vida

Te quiero ver triunfando en la vida

Ya pasaron algunas horas del enorme triunfo de Cipolletti frente a San Martín de Tucumán. Hace mucho tiempo que no perdía la voz de tanto gritar, sobre todo de gritar los goles. Un grito que necesitaba salir, un grito lleno de alegría, con el nervio a punto de explotar. El lunes, en el trabajo, no fue necesario explicar porque mi voz estaba un poco perdida. Todos sabían del triunfo.

Fue difícil, fue sufrido, fue de dientes apretados. Parece que todos estamos acostumbrados a estar en ese estado de alerta constante, claro que es molesto por momentos pero en el fondo entendemos que eso es el fútbol, la pasión, el amor.
Hubo momentos donde la gloria estaba a metros, a centímetros. Luego todo se cayó, la dezasón reinó por algunos minutos en La Visera. Pero cuando esa pelota tocó la red, todo explotó. No hay explicación ante la imagen de más de 6.000 personas con los brazos en alto y los puños cerrados, como un boxeador que ganó la pelea. No se puede explicar la presión del pecho, como si el corazón quisiera salir y estallar como estalló La Visera.

La alegría parece eterna, nada puede cambiar ese estado. En realidad si, saber que se viene una nueva fase igual de difícil que la anterior nos pone otra vez alertas. Expectantes, ansiosos, con ganas de volver a La Visera. Porque al fin y al cabo, en ese lugar podemos ser como somos: Locos y locas por el Capataz. Desenfrenados, fuera de si.

Cipolletti es blanco y negro. Y entendiendo que la oscuridad es lo negativo, a veces es difícil poder esquivar las cosas malas de la vida. Cuando alguien que amamamos nos deja sentimos un vacío enorme, un hueco sin fin, algo se rompe y no vuelve a ser como antes. Hay dolores que no se van, solo nos acostumbramos a vivir con él. Hoy, hay un hombre que siente todo lo antes mencionado y más todavía, pero tiene a toda una ciudad que quiere compensar ese vacío y acompañarlo en esta difícil situación. Además de nosotros, hay 11 muchachos que quieren verlo de pie porque lo necesitan.

En las buenas y sobre todo en las malas, Cipo estará unido y consciente de que los momentos difíciles se sobrellevan en conjunto. Acá estamos, para siempre, hasta que el Sol se apague.
Alejandra Barros